jueves, 26 de diciembre de 2013

Los nervios a flor de piel no cooperaban con la intriga y ansiedad que sentía en ese momento, tomar la decisión de ir a vivir al otro lado del mundo como capricho para cambiar de vida y conseguir independizarme ahora me parecía la idea más estúpida que se me había podido ocurrir, ¿y qué ocurriría si todo no era como lo había imaginado?, ¿y si este no era un buen lugar para vivir?, ¿y si las personas no tienen la gentileza que estoy acostumbrada a admirar de los habitantes de mi país?; sólo una cosa tenía segura, regresar a mi país no era una opción.

Después de largas horas de vuelo, durante las cuales me torturé incesablemente con preguntas acerca de lo que encontraría en este nuevo lugar, al fin estaba próxima en llegar a mi destino; mientras el avión se preparaba para su aterrizaje la ansiedad aumentaba inexplicablemente.

Al aterrizar, me dirigí a completar todo el papeleo correspondiente a la migración y recoger mis maletas; alguien me esperaba en el aeropuerto, lo reconocí por la pancarta que sostenía con desgano (con el nombre "Vanessa Bertoni" en ella), probablemente el vuelo se había retrasado y él llevaba bastante tiempo esperándome, pero claramente debido mi incontrolable ansiedad no me fijé en ese detalle.

Me dirigí directamente a él, después de saludarlo subí a su auto y nos encaminamos a la casa que previamente había reservado por internet, mientras llegaba a mi nuevo hogar, podía sentir cómo se iba estabilizando mi ánimo, gracias a la calma que me produjo ir observando por la ventanilla del auto las calles de la ciudad; sus habitantes y la sencilla arquitectura característica de toda la ciudad emanaban un ambiente de tranquilidad y paz al cual seguramente me acostumbraría bastante rápido.

Al llegar a casa me encargué de desempacar todas las maletas y adecuar los pequeños espacios para poder sentirme a gusto durante mi estadía, lo cual al parecer no sería tan difícil como esperaba. Lo que ahora me preocupaba eran las personas con las que debería compartir la residencia, ya que debido al incremento en la renta de inmuebles no me podía dar el lujo de costear uno sola; ellos llegarían el sábado, el día que se suponía que debía llegar también yo, pero por la ansiedad y expectativas que tenía frente a la que promete ser una de las decisiones más trascendentales de mi vida decidí adelantar el vuelo para tener algunos días más para conocer la ciudad antes de comenzar la rutina escolar.